viernes, 21 de enero de 2011

LOS EXQUISITOS DELIRIOS DE RAYMUNDO.

Desde muy temprana edad empecé a tener deseos extraños. Una noche de esas cuando el calor no te deja dormir y la humedad de la luna hace sudar todos tus rincones, me desperté de repente, mi pene endurecido aún vomitaba su blanquecino líquido, apenas con trece años corrí asustado al baño a lavarme. Después de una limpieza a fuerza de papel higiénico y un poco agua, pues temía que el ruido de la ducha o del grifo del lavamanos despertara a alguien, me fui a mi cuarto, pero antes pase a la cocina a buscar un vaso de agua, mi sorpresa fue que montado sobre el frio mármol de la mesada estaba sentado Domingo, el chofer de la casa, y Locadia, la mujer de servicio, tomaba con su boca el inmenso pene del muchacho. Calladamente me quede viendo como la mujer realizaba su trabajo y comenzó allí mi desenfrenada fantasía con engullir aquel manjar de tan agradable dimensión.
Me fui a la cama, soñé con Domingo, con el animal que vivía entre sus piernas, metí mi pequeña mano entre mi interior y frote mi pene que tan chiquito ahora lo sentía, y me quede dormido eyaculando las mil ensoñaciones con el nuevo objeto de mi afecto.
Desperté mas temprano que nunca, me bañe rápidamente, me vestí con el uniforme azul y blanco del liceo destinado para deportes y desayune rápidamente, mis padres sorprendidos por mi entusiasmo por ir al colegio me felicitaron, sin embargo el verdadero motivo era que quería pasar más tiempo con Domingo, pues el todas las mañanas el me llevaba a la escuela.
Estaba ya el joven chofer en el carro esperándome como todas las mañanas, esta vez no me monte atrás como siempre lo hacia, extrañado Domingo me sonrió y paso su mano sobre mi para sujetarme el cinturón de seguridad, sentí su aliento cálido, y el roce de su mano peluda y rasposa sobre mi brazo.
El carro partió y no dejaba de verle su bragueta, el bulto que se marcaba me enloqueció, tuve una erección pero no me atrevía a tocar aquel montículo que tan bellamente iba agrandándose y entonces me di cuenta que el sabía también de mi deseo, y comprendí que él también lo deseaba.
Nos miramos y un relámpago me libero… con locura agarre su paquete que ya estaba duro como una roca. Acelero el carro y tomo otro camino, era una calle solitaria, estaciono y enseguida saco su animal del pantalón: mis ojos no podían creer lo que veían, se me regalaban veinte centímetros de carne lujuriosa, enseguida me lo metí en la boca como vi que lo hacia Locadia, lo chupe, lo mame, lo saboree, lo lamí, lo sobe con mi lengua, lo bese con mis labios, hasta que exploto dentro de mi… su agridulce leche me lleno la boca y felizmente me trague todo su vital liquido, no derrame nada, todo fue para mi.
Como si nada hubiese pasado, terminó de llevarme al colegio, no hubo palabras, un encantador silencio domino el corto viaje hasta la escuela. Estuve feliz todo el día… pero cuando llego la tarde Domingo no paso por mi, mi madre me fue a buscar al colegio, entonces le pregunte por el chofer y mi madre sin sospechar nada me dijo que el joven tuvo que marcharse de urgencia a su pueblo, pues había recibido una llamada de un familiar que le avisaba que su madre se estaba muriendo.
Desde entonces no lo vi más… me entristeció su partida, se que aquel cuento de la mamá enferma era una excusa, estaba asustado por aquel deseo que había levantado en mi y temía por las represalias que podía tomar mi padre si se enteraba de lo sucedido. Mi padre era un alto militar  y uno de los grandes esbirros de la Dictadura que gobernaba el país de aquel entonces, yo no lo sabia, de eso me di cuenta más tarde, pero eso es harina de otro costal, más adelante les contare sobre su proceder cuando se entero de mis exquisitos delirios.
Ray-Mundo

EL HOMBRE... EL ANIMAL MÁS BELLO DEL MUNDO